En medio de los desoladores panoramas que ha enfrentado, Arica siempre tuvo alternativas y salidas auspiciosas, esperanzadoras. Las elecciones municipales de mañana también tienen ese componente de oportunidades para reaccionar positivamente.

En la idea de ser responsable con lo que pienso y expreso yo tengo las mías, aunque no las identificaré porque escribo esto como periodista y eso me exige no hacer propaganda. En esta línea espero que cada ciudadano actúe constructivamente y escoja activamente la su opción.

Pero, sin tener que especificar nombres, partidos, movimientos o derechamente mafias, podemos señalar que se ven sólo tres candidaturas fuertes y con opciones: la del gobierno, la de la oposición y la que se autoconsidera alternativa democrática.

En la postulación oficialista hay que tener el cuidado de recordar que, junto a la abnegación de militantes históricos que luchan por salvar la mística y el aporte que hicieron otrora, su candidata representa también el legado de corrupción que ha campeado en algunos de sus destacados personeros y sectores, incluyendo hasta condenas por acoso laboral.

Sobre la derecha hay que remarcar que, a la par de partidarios sinceros de los valores conservadores, mantiene a socios de los mismos pecados y pecadores anteriores, propuestas que prometían eficiencia y a veces fracasaron adrede, además de una historia – años 80 – de protagonismo en las peores caras del Armagedón que intentó quemar iglesias durante la dictadura de esos años.

Sobre la alternativa de la tercera fuerza pesa la incógnita de si tendría la capacidad necesaria para administrar ese gigantesco embrollo en que hasta hace unos años fue transformado nuestro municipio, como también si sería suficientemente autónoma de ese plan cuyo rostro se asoma tras cada uno de los candidatos de su lista.

Con las palabras anteriores sólo me remito a cosas que ocurrieron, suceden también ahora y se conocen con claridad en Arica.

En las postulaciones más débiles quedan diversos emprendimientos que expresan muy buenas intenciones, en donde no falta constancia, cierta intrepidez, lo testimonial y el voluntarismo.

También, en los casos que bien claro tenemos los ariqueños, están los prontuariados que deprecan falsas modestias, los negocios truchos mezclados con ambiciones desmedidas como las que se lee hasta en las paredes y alamedas; los egos inmensos. Afortunadamente estos casos se han ido quedando sin respaldo local y hasta con un saludable y creciente desprecio expresado reiteradamente en las calles y en las urnas.

Respecto a la opción de no votar, recuerde que eso tampoco lo libra de su responsabilidad ciudadana, porque será válida siempre y cuando usted se mantenga consecuente en ello y asuma las repercusiones de esa propuesta que cuestiona a una forma tradicional de conducir a la nación. ¿Si no aceptamos la democracia representativa, qué proponemos?

Ahora, si emitimos un voto, ¿por cuál qué candidato debemos optar?

Compañera, compañero, ésa es una responsabilidad enteramente suya.

De todas maneras es una opción de la que se tendrá que hacer cargo toda su vida, que usted podrá mantener en el secreto de la urna pero de la que no podrá olvidar en su fuero interno cuando lea las noticias sobre la próxima administración municipal. O cuando descubra que otra vez más nos imponen parlamentarios ajenos, fruto de los negociados centralistas.

Recuerde que usted también tiene hijos que van a colegios municipales, necesita que lo atiendan en los consultorios, paga contribuciones a la comuna, financia los gastos y viáticos comunales, pisa la basura botada en las calles o busca disfrutar de nuestras playas, parques y otros sitios públicos.

¡Descubren nueva corrupción municipal!, ¡Gestión edilicia es una de las más ineficientes del país!, ¡Alcalde llama a votar por un candidato a parlamentario designado en Santiago por su partido!, ¡Estudio muestra avance en orden e inversión comunal!

Elija usted, con su voto, el titular que le gustaría ver en la prensa de mañana.

Y recuerde que, aunque gane lo mejor, no se puede dejar solo o sola y sin vigilancia ciudadana a quien le entreguemos las llaves de nuestra casa propia comunal.

HECTOR MERIDA

Periodista del Norte

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